The Prozac Memories

Una mirada a la hilaridad del deprimido abusador y amante de la maravilla medica encapsulada. Nada mas para decir. Muchos cuchillos por afilar.

Monday, May 15, 2006

This day is not a happy day. But it's the day. (Again my pills. The biggest pill)

Pasaron los días y mi mirada sigue atenta al mismo punto.
Un cofre, un cristal, tu mirada congelada. No se cuantas hojas cayeron desde la ultima primavera en que pude reír, mucho menos sentí el calor, todo esto es un invierno permanente.

Muchas veces soñé que podía estar en la puerta y al voltear a mirar, estarías bajando por las escaleras. Tal vez recogerías la falda de un hermoso y largo vestido.
Descenderías con el cabello adornado por hermosos pétalos de rosas que resguardaban tu rostro. Te imaginé radiante y sonriente, lista para tomarte de la mano. Estaría temblando en la puerta pues te veías hermosa y sabía que un día o un año, no me importaba lo que fuera, seria poco mientras estabas a mi lado. Pero hoy solo veo mi reflejo, y estrello mis palmas contra el cristal de lo que parece una mentira, de lo que no me deja tocarte.

Intento mirar todo lo que esta a mi lado.
Cuando logro apartar de mi mente tantas cosas que cargo en mi largo lastre, lo que veo no es muy halagador.

Muchas velas adornan un salón inmenso. Su luz es tenue y parecen no consumirse nunca. Un sol y una luna son testigos fríos y silenciosos en lo alto del gran salón. El pasillo es gigante y yo estoy parado en la mitad. Un gran mural se cubre con un óleo gigantesco en el que esta tu rostro. Es la risa más hermosa que yo pueda volver a ver en mi vida. Obtenida de la mejor escena que le hayas podido dejar a mi memoria. Al otro lado el jodido cristal, y mi reflejo abatido se deja caer. Se desploma y yace junto a la peor de las infamias.

Quisiera intentar no oír nada, pero los rumores se agudizan en mi cabeza y no tengo mas remedio que dejarme someter. Todo cuando escucho termina por redondear la paliza diaria. No hay clemencia el día de hoy.

De nada servirá implorar por un poco de paz en mi mente, en mi cuerpo. Todo cuanto veo me castiga, lo que oigo me destruye y tarde o temprano esto que siento terminar matándome si el día no se acaba rápido.

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¿Cómo puedes estar mirándome? ¿Cómo puedes saber de mí? ¿Cómo diablos puedo sentir tu mano en mi rostro? Soy yo el que esta vivo. ¿Cómo me castigas de esta manera? ¿Cómo haces para permanecer?
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Difícilmente puedo levantarme y conservarme en pie.
Apoyo mis manos fuertemente sobre este inmenso cristal.
No tengo miedo de romperlo pues jamás pasara.
Es lo que nos separa y no se romperá.

Te veo con el rostro palidecido y las manos entrecruzadas.
Los ojos dormidos y los labios como queriendo dejar escapar alguna palabra.
Estas acostada y así reposas eternamente.
Tu vestido y los pétalos del rostro permanecen inertes, como tu cuerpo. Es la vista que tengo. No puedo hacer nada pues nada me es permitido.



Solo tengo un cristal irrompible para mirarte y cargar todos los días la pesadumbre de verte inmóvil y ajena.
No lo hice yo y tampoco lo pude evitar.
Tampoco me dejaste sacarte de ese estado.
Nada pude hacer y esa es mi condena.
A veces pasa que días como hoy creo que el cristal se rompe. Creo que abres los ojos y tu mirada penetra en mi carne hasta sacarme todo el mal que hay en mí.

Días como hoy, son un suplicio y una tortura, pues inmóvil e inerte, te conservas mientras yo me pudro.

Solo puedo respirar contra este maldito vidrio y darme cuenta que mi aliento se condensa en la pared.
Estoy vivo.
Pero cuando me veo enviando un beso a través de este cochino cristal ciertamente lo dudo.
Días como hoy lo pienso, lo digo en mi mente y no lo pronuncio. No es un día feliz para mí. Pero igual es el día.

Friday, May 05, 2006

Pensar, sentir. Aterrizar. ¿volver a pensar?

No tiene caso que intente forzar algo que creo sentir pero que realmente no esta hay.
No tiene caso que los caprichos de la mente jueguen con la realidad del corazón, de mis sentimientos. Creo que puedo ser sensato y resumir todo esto de manera simple: el primero no me sirve y de los segundos apenas tengo un vago recuerdo.

No es fácil admitir que tengo una piedra metida entre el pecho. Esta vez ya no es por ella. Soy yo el causante de estas sensaciones. Juro que no vi su mirada ni sentí su presencia en el ambiente. No. Esta vez soy yo el que no esta a gusto, el que siente que intenta realizar cosas que no son convenientes. Cosas que no quiero hacer, y se muy bien lo que me pasa cuando hago cosas de las que no estoy convencido. Debí haber aprendido algo. Tengo que ponerlo en práctica, no puedo forzarme ni engañarme de nuevo. No debo creer que siento todo lo que pienso.

Tal vez haya algo más. Es probable que por un momento todo lo que me ataba estuvo a punto de irse, de permitirme ser libre, de sentir que una vez mas el mundo giraba y que esta vez lo iba hacer a un ritmo diferente. Y pudo ser. Falto poco.

Un velo de seda y una cadena con un delgado labrado. Eslabones y vendas que no se sienten me ataron aun más a esta postura, a este sentir. Soy libre en mi pequeño mundo pero atado para salir al grande, a la realidad. Soy un ser de piedra. Si intento aflorar mis sentimientos mas allá de la racionalidad y la amistad, de inmediato se estrellan con un muro infranqueable. Un muro tallado en el tiempo. Tan hermoso como el mármol y a la vez detestable como una pared de barro que se resiste a caer. Un muro en el que pareces ver lo que esta del otro lado pero que inevitablemente muestra el reflejo del presente, de lo que soy.

Supongo que aun soy humano. Que todavía tengo sentimientos, pero si estos salen de mi cabeza y no del corazón, no debo obedecerlos, porque esos son alucinaciones, maquinaciones, todo menos sentimientos reales.

El engaño me puede volver a conducir a otro estado de sordidez mental. A reforzar aun mas este muro y bloquearlo de tal manera, que ya no pueda ver ni siquiera un poco de lo que hay en el otro lado, y si eso pasa, me condenare a que tan solo un milagro rompa con esa frialdad, con esa pared, con la barrera que hay en mi ser. Pero…..No estoy para milagros. No estoy para ser tonto y creer en delirios e historias rosa.

Cruel o no, he de aceptar que aun soy un sicótico que espera mucho y piensa que nada de lo que recibe es suficiente. Que nada de lo que hago esta bien. Tan tonto para pensar que no hay nadie para entregarle lo poco o mucho que tenga que entregar. Son tonterías. Pero aun me creo el cuento. Si pudiera bajar el telón en la mejor de mis escenas, entonces podria encontrar una manera de saltar o romper el muro. Si no, seguiré recitando el mismo dialogo por siempre.

No debo creer que siento todo lo que pienso.